Las brechas que persisten
Según datos de CEPAL (2016), la penetración de internet en la región, medida como el
número de usuarios respecto de la población total, se duplicó en un lapso de ocho años, al
pasar de 20,7% en 2006 a 50,1% en ese último año. No obstante, en 2014 ese porcentaje
continuaba siendo muy inferior al promedio de los países de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde alcanzaba el 81,8%. Esta débil
conectividad digital en la región se puede explicar por la persistencia de brechas en el acceso
y uso de las TIC por parte de la población total, brechas que dependen de las siguientes
variables: nivel de ingreso, nivel de educación, grupo etario, género y localización espacial.
Partiendo de la primera variable, una rápida mirada a las cifras obtenidas desde este
observatorio de CEPAL respecto del acceso a internet según quintiles de ingreso, muestra
claramente que, en todos los países de la región, a mayor ingreso de la población, mayor
acceso a internet. (Aguirre et al., 2019) Existen barreras evidentes en este acceso en el quintil
más bajo, vinculadas al costo del servicio y de la infraestructura requerida (computadora,
tableta, etc.), aunque también son importantes la falta de conocimiento respecto de los
beneficios que puede ofrecer internet al hogar y del uso de una computadora o teléfono
celular para conectarse, por lo cual muchas veces, y en especial en el ámbito rural, se
considera un gasto innecesario.
En cuanto a la variable educacional, se observa que, a mayor nivel de escolaridad, es mayor
el acceso a las TIC. Entre los países observados en la región, se puede citar Brasil, con una
de las mayores diferencias porcentuales entre el grupo de educación primaria, que accede tan
solo en 4,7% a internet, y el grupo de educación terciaria o superior, que alcanza el 91,8%; y
el caso opuesto de Chile, con la menor brecha: 30,7% de acceso de los grupos de educación
primaria y 86% del grupo de educación terciaria o superior. Esto es preocupante, si
consideramos que el acceso a estas nuevas tecnologías está fuertemente condicionado por el
nivel socioeconómico de las familias y que el sistema escolar ha sido una de las principales
herramientas para reducir esta brecha tecnológica. A pesar de los esfuerzos que realizan los
diferentes países de la región para equipar sus escuelas con TIC, el desafío apunta más bien
a lograr que los estudiantes las usen con un fin educativo y no solo de entretenimiento, lo
cual supone también que los docentes sepan incorporar estas nuevas tecnologías en sus
prácticas educativas, para así lograr realmente una alfabetización y una formación digital
arraigadas en la población entera. Otra variable interesante de destacar es la de género: de
acuerdo con estudios realizados por CEPAL en varios países de la región, las mujeres igualan
a los hombres en acceso a internet, lo que indicaría que la brecha digital de género estaría en
vías de superación. Esto viene también a posicionar el rol de la mujer rural, que generalmente
es quien se hace cargo de los hijos en el hogar, los ayuda en sus deberes escolares y, por
tanto, accede más frecuentemente a una computadora (CEPAL, 2016).
Respecto a las Infraestructuras inexistentes o poco fiables. Existe falta de acceso a un
suministro fiable de electricidad y de apoyo a los sistemas de comunicación, que es un
requisito crucial para el uso efectivo de las TIC. (Michael, 2016)
Un aspecto fundamental es la falta de formación. No hay muchos expertos agrícolas
formados para utilizar las TIC de manera eficiente (Khabibullaev, 2016).
Al contrario de la variable anterior, la penetración de internet en zonas rurales continúa
estando fuertemente rezagada. Considerando los hogares con acceso a internet mediante
conexión fija o banda ancha fija de 13 países de América Latina y el Caribe, en 2013, la